Solo quise explicarle, con tranquilidad, que los sesenta millones de pesos mexicanos que heredé de mi madre
no eran para complacer a su familia…
y mi esposo me gritó:
“¡Cállate y haz lo que diga mi mamá!”.
Esa noche volvió destrozado.
Temblando frente a mi puerta.
“Amor… por favor… dime que todo esto es un error.
Mi mamá está en shock”.
Lo dejé hablar.
Porque todavía no imaginaba el infierno que se nos venía encima.
Me llamo Claudia Reyes.
Tengo treinta y cuatro años.
Y jamás pensé que el dinero que mi madre me dejó al morir
terminaría convirtiéndose en la prueba más brutal
de quién era realmente mi esposo.
Mi mamá había trabajado toda su vida…
entre una pequeña cadena de farmacias en Ciudad de México
y algunas inversiones prudentes.
Cuando falleció, me dejó una herencia de sesenta millones de pesos…
y una carta escrita a mano.