Solo quise explicarle, con tranquilidad, que los sesenta millones de pesos mexicanos que heredé de mi madre no eran para complacer a su familia…

Parte 2…

Javier me recibió sin hacer preguntas innecesarias. Había sido amigo cercano de mi madre y conocía perfectamente su carácter meticuloso, así que no necesitó mucho para entender la gravedad de lo que le estaba contando.

Apenas terminé de hablar, me pidió que respirara, me ofreció un vaso de agua y abrió una carpeta azul con varias copias de documentos que habían llegado esa misma mañana, gracias a una alerta preventiva que mi mamá había dejado activada años atrás.

Ella lo sospechaba todo… aunque no supiera exactamente de quién cuidarme.

Pensó que, si algún día heredaba una suma importante, alguien intentaría manipularme o presionarme. Y no se equivocó.

Lo primero que vimos fue una solicitud de transferencia preparada desde una gestoría privada vinculada a un socio de Doña Mercedes, con mi firma escaneada en la autorización.

Era falsa.
Pero estaba tan bien hecha que daba miedo.