¡La dejé sin un peso! Que vea cómo sobrevive ahora —se reía el marido al salir del edificio del juzgado.

“En virtud de la solicitud de revisión contractual presentada por una de las partes titulares, el inmueble queda sujeto a medidas preventivas hasta la reevaluación del crédito.”

Valeria dio un paso atrás.

—¿Qué significa eso?

—Significa… —tragó saliva— que el banco activó la cláusula.

El departamento que él consideraba suyo estaba ligado a un contrato que nunca leyó con atención. Sin los ingresos de Sofía y con la cuenta vacía, su capacidad crediticia se reducía drásticamente.

—Pero dijiste que todo estaba bajo control… —susurró Valeria.

Diego no respondió. Sentía cómo el orgullo empezaba a pesarle en el pecho, incómodo, difícil de sostener.

Mientras tanto, Sofía colocaba la última maleta en un departamento pequeño pero luminoso que había rentado por unos meses. No era lujoso, pero era tranquilo. Silencioso.

Se sentó junto a la ventana y respiró hondo.

Su teléfono vibró. Un mensaje de Diego:

“Tenemos que hablar.”

Sofía miró la pantalla unos segundos… y la bloqueó.