Vi con mis propios ojos a mi suegra lanzar a la basura…

Parte 2…

Guardé el sobre dentro de mi bata y salí del dormitorio justo cuando Alejandro entraba en la sala. Tenía la laptop en una mano y el teléfono pegado a la oreja. Sonreía como cualquier martes cualquiera, como si no existiera una transferencia oculta, una cuenta compartida utilizada a mis espaldas, y una mantita de Emiliano convertida en escondite. Colgó la llamada al verme y me besó en la frente.

“¿Todo bien?”, preguntó.

Durante un segundo estuve tentada de mostrárselo todo de golpe. Pero algo me frenó. Quizá fue el recuerdo de Carmen tirando la mantita con una calma demasiado estudiada. Quizá fue el hecho de que el dinero salía de una cuenta conjunta, no de una personal. Si había una mentira, no era improvisada. Llevaba tiempo construyéndose.

“Sí, todo bien”, respondí.

Esa noche esperé a que se durmiera Emiliano. Cogí la memoria y usé un adaptador viejo para abrirla en mi laptop. Había solo cinco archivos: tres fotos escaneadas, un PDF con capturas de mensajes y dos audios.